Cuando un coleccionista coloca en la misma vitrina un 20 céntimos de peso de Isabel II de 1868, un peso filipino-americano de 1908 y un billete japonés de invasión de 1942, está haciendo algo que no se puede hacer con ningún otro territorio del mundo: reunir las acuñaciones específicas de tres potencias coloniales completamente distintas para un mismo país en un lapso de menos de ochenta años. Filipinas pasó del Imperio español a la administración estadounidense en 1898, y de ésta a la ocupación japonesa en 1942. Cada una de las tres potencias acuñó moneda diferenciada y abundante para el archipiélago, generando un corpus numismático sin paralelo.
No hay otro caso comparable. Algunos territorios africanos pasaron por dominaciones múltiples —el Camerún alemán, británico y francés, por ejemplo— pero las acuñaciones específicas no siempre se solaparon tan netamente. Corea estuvo bajo influencia china, japonesa y luego dividida, pero no llegó a tener acuñaciones autónomas bajo cada poder. Filipinas es el caso único en el que las tres etapas dejaron emisiones identificables, catalogables y coleccionables en un lapso tan breve. En esta entrada recorremos las tres con detalle.
Etapa I: La Casa de Moneda de Manila bajo la corona española (1861-1898)
Durante más de tres siglos, Filipinas funcionó monetariamente con un sistema heterogéneo y caótico. Pesos mexicanos, sudamericanos, monedas resellardas, macuquinas y fragmentos de plata circulaban indistintamente, una situación que la administración española arrastraba desde el inicio del Galeón de Manila en el siglo XVI. El intento de remediar el desorden con la decimalización de 1857 no bastó: hacía falta una ceca propia.
La reina Isabel II autorizó la creación de la Casa de Moneda de Manila en septiembre de 1857, pero los problemas logísticos —importación de maquinaria desde Europa, instalación, formación de ensayadores— retrasaron su apertura hasta el 19 de marzo de 1861. La producción comenzó con monedas de oro en denominaciones de 1, 2 y 4 pesos, y en marzo de 1862 la propia reina autorizó la acuñación de moneda fraccionaria de plata de ley 0,900 en valores de 10, 20 y 50 céntimos de peso. Las primeras emisiones efectivas datan de 1864.
20 Centavos de Peso Filipinas 1868, Isabel II, ceca de Manila. Último año regular del retrato de la reina antes de la Revolución Gloriosa. Fuente: ArgentumSun.El ejemplar que ilustra esta sección procede precisamente de las primeras emisiones manileñas estables: los 20 céntimos de peso de 1868, último año de circulación regular del retrato de Isabel II antes de la Revolución Gloriosa que la destronaría en septiembre de aquel mismo año. Curiosamente, las monedas siguieron acuñándose con su efigie durante un tiempo por simple inercia administrativa, hasta que llegaron las instrucciones desde Madrid. La distancia entre Manila y la metrópoli —cuatro meses de barco en el mejor de los casos— hacía que el archipiélago siempre fuese a remolque de los acontecimientos peninsulares.
Tras el paréntesis de Amadeo I y la Primera República, la Restauración alfonsina retomó las acuñaciones manileñas con el rostro de Alfonso XII. Las emisiones de 1880-1885 son las últimas grandes acuñaciones coloniales españolas para el archipiélago. Los 50 céntimos de peso de 1885 y los 20 céntimos del mismo año son hoy piezas codiciadas, especialmente en grados altos de conservación, porque el clima húmedo y el uso comercial intenso de las islas tendía a desgastarlas rápidamente.

Conviene detenerse en un detalle técnico que muchos pasan por alto: la ley de plata difería según el reinado. Las emisiones isabelinas usaban plata 0,900; las alfonsinas bajaron a 0,835, alineándose con el patrón de la Unión Monetaria Latina que España había adoptado en la metrópoli en 1868. Es un dato pequeño pero revelador: incluso en los confines del imperio, la política monetaria seguía las decisiones tomadas en Madrid y en París. La Casa de Moneda de Manila cerró definitivamente en 1898, año del Desastre. Alfonso XIII no llegó a tener emisión propia para las islas, y las monedas españolas filipinas constituyen el cierre numismático del Imperio español en Asia.
Etapa II: El peso filipino-americano y la firma de Melecio Figueroa (1903-1941)
Tras el Tratado de París de 1898, Filipinas pasó a soberanía estadounidense, pero la transición monetaria no fue inmediata. Durante un lustro convivieron el peso español, el dólar y el peso mexicano en un caos transitorio que el Congreso de los Estados Unidos resolvió con la Philippine Coinage Act de 1903. La ley fijó un peso teórico de oro equivalente exactamente a la mitad de un dólar estadounidense, y autorizó la acuñación de un peso de plata con la misma fineza que el peso mexicano, así como las denominaciones fraccionarias en plata y bronce.
El detalle más interesante de esta etapa no es político sino artístico. El diseñador de las nuevas monedas filipinas fue Melecio Figueroa, un grabador filipino nacido en Arayat (Pampanga), en colaboración con Charles E. Barber, grabador jefe de la Casa de Moneda de Filadelfia. Que el grabador principal fuese un nativo del archipiélago —y no un funcionario importado de Washington— supuso un gesto poco habitual en la política colonial estadounidense del momento. Figueroa había sido grabador de la Casa de Moneda de Manila bajo el régimen español; su continuidad en la era americana garantiza que la iconografía monetaria mantuviera un elemento de autoría local.
El anverso de las monedas de plata filipino-americanas presenta una figura alegórica de la nación: una mujer joven de pie, sosteniendo un martillo apoyado sobre un yunque, con el Monte Mayón humeante al fondo, ese volcán de cono casi perfecto que sigue siendo emblema de Filipinas. Es un diseño muy distinto del tradicional retrato de monarca o presidente: una alegoría del trabajo y la geografía nacional, no del poder político. El reverso muestra un águila americana con alas extendidas sobre el escudo de los Estados Unidos, recordando inequívocamente quién mandaba.

El peso de 1908 corresponde al «tipo pequeño» (small type), introducido en 1907 cuando el alza internacional del precio de la plata obligó a reducir el contenido metálico de las monedas. Los pesos anteriores (1903-1906) eran más grandes y de mayor ley; a partir de 1907 se redujo el peso a 20 gramos y la fineza a 0,800. El cambio fue puramente económico —el valor del metal había superado el valor facial—, pero creó dos subseries claramente diferenciadas que los coleccionistas distinguen siempre.
La ceca trabajó inicialmente en Filadelfia y San Francisco —de ahí la marca «S» en muchas piezas—, pero en 1920 reabrió la Casa de Moneda de Manila, lo que permitió producir localmente las monedas. En 1937, con el establecimiento de la Mancomunidad de Filipinas como paso previo a la independencia prometida, los diseños cambiaron para incorporar el escudo de la nueva entidad política, manteniendo no obstante la figura femenina y el volcán. Era el preludio de una independencia que la guerra retrasaría una década más.
Etapa III: Corregidor 1942 y la sombra del Sol Naciente (1942-1945)
El 8 de diciembre de 1941, diez horas después del ataque a Pearl Harbor, comenzó la invasión japonesa de Filipinas. En febrero de 1942, con la caída inminente de la isla-fortaleza de Corregidor en la bahía de Manila, las autoridades estadounidenses tomaron una decisión sin precedentes en la historia numismática: ordenaron arrojar al mar más de dieciséis millones de pesos de plata almacenados en las cámaras acorazadas para impedir que cayeran en manos del enemigo.
La mayoría de aquellas monedas eran pesos del «tipo pequeño» con fechas comprendidas entre 1907 y 1912. Los lingotes y monedas fueron embolsados, transportados en lanchas y vaciados en las aguas profundas de la bahía. Tras la guerra, las autoridades filipinas y estadounidenses lanzaron operaciones de rescate submarino que recuperaron más de diez millones de piezas, pero las monedas vienen siempre corroídas por la sal y muchas presentan pérdidas de peso considerables. Se estima que aún quedan unos tres millones y medio de pesos en el fondo de la bahía. Cuando un coleccionista encuentra hoy un peso filipino con la característica pátina marina y los daños del agua salada, está literalmente sosteniendo un fragmento de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.
Mientras tanto, las fuerzas japonesas establecieron una administración militar y emitieron papel moneda fiduciario para reemplazar la moneda fuerte que había desaparecido o estaba siendo retirada. Estos billetes, conocidos como JIM (Japanese Invasion Money), se emitieron en dos series:
| Serie | Año | Denominaciones | Significado |
|---|---|---|---|
| Primera | 1942 | 1, 5, 10, 50 centavos; 1, 5, 10 pesos | Sustitución del peso filipino-americano |
| Segunda | 1943-1944 | 1, 5, 10, 100, 500, 1000 pesos | Las altas denominaciones reflejan la hiperinflación |
| «Victory» | 1944 | 1, 2, 5, 10, 20, 50, 100, 500 pesos | Recuperación aliada; declara nulos los JIM |
La población filipina, en un acto de resistencia simbólica que se convertiría en folclore, bautizó este papel moneda como Mickey Mouse money. El apodo aludía tanto a la falta de valor real como a la abundancia de motivos decorativos —palmeras, carabaos, paisajes idílicos— que poblaban los diseños, considerados infantiles frente al austero peso filipino-americano. La iconografía intentaba vender el discurso propagandístico de la «Esfera de Co-prosperidad de Asia Oriental»: Filipinas como nación asiática hermana liberada del yugo occidental. La realidad cotidiana, con campos de prisioneros, requisas masivas y la hiperinflación destruyendo el ahorro de las familias, era radicalmente otra.
El capítulo numismático tiene además un giro extraordinario: los servicios de inteligencia estadounidenses (OSS) falsificaron grandes cantidades de billetes de ocupación japoneses y los introdujeron clandestinamente en Filipinas para financiar a la guerrilla filipina y, simultáneamente, agravar la inflación que ya carcomía la economía controlada por Japón. Es uno de los pocos casos documentados en la historia en que una potencia falsifica deliberadamente la moneda de su enemigo como arma de guerra económica. Para el coleccionista, distinguir hoy entre billetes japoneses auténticos y falsificaciones americanas de la época es un ejercicio de catalogación realmente exigente, porque las copias eran técnicamente excelentes.
En octubre de 1944, cuando las fuerzas del general MacArthur recuperaron el control efectivo de las islas, se emitieron los billetes «Victory» con esa palabra impresa al reverso, declarando ilegales todas las emisiones japonesas previas. La hiperinflación había hecho que una barra de pan en Manila llegara a costar cientos de pesos japoneses; al día siguiente del cambio, valía cero. Familias enteras vieron evaporarse sus ahorros en cuestión de horas.
Las tres iconografías comparadas
Pocas veces se puede leer el cambio de paradigma colonial directamente en la iconografía monetaria. En Filipinas, cada potencia eligió un símbolo central distinto, y cada elección dice mucho del proyecto político:
| Potencia | Anverso | Reverso | Mensaje |
|---|---|---|---|
| España | Retrato del monarca | Escudo de España con «FILIPINAS» | Soberanía dinástica directa |
| EE.UU. | Alegoría filipina (Figueroa) | Águila americana sobre escudo | Tutela «civilizadora» |
| Japón | Paisajes filipinos idílicos | Valor en numerales sin emperador | Propaganda asianista |
España puso al rey; Estados Unidos, a una filipina alegórica vigilada por el águila imperial; Japón, paisajes coloniales para que el propio dominador desapareciera del retrato (estratégicamente, los billetes JIM no llevan retrato del emperador Hirohito: la propaganda nipona insistía en que Filipinas era una nación hermana, no una colonia). Tres modelos de dominación, tres modos de representarla en metal y papel.
¿Por qué nadie más tiene esta historia?
Para el coleccionista hispano, las piezas filipinas de Isabel II y Alfonso XII tienen un atractivo doble: son moneda colonial española —lo que las inscribe en la gran serie de la numismática hispánica— y son al mismo tiempo el último capítulo del Imperio español en Asia, cerrado abruptamente por el Desastre del 98. Cada 20 céntimos de peso de 1868 que llega hoy a una colección viajó probablemente en las manos de un español o un filipino mestizo que vivió la transición de tres mundos en una sola vida.
Pocos objetos cotidianos resumen tantos cambios políticos. Una moneda no es solo metal: es la cristalización material de quién manda, cómo se ve a sí mismo y cómo quiere ser recordado. En Filipinas, esa cristalización cambió tres veces en menos tiempo del que tarda un ser humano en envejecer.
Bibliografía y fuentes
- Allen, L. C. (1998). Philippine Coin Identifier and Price Guide. Krause Publications.
- Basso, A. F. (1975). Coins, Medals and Tokens of the Philippines, 1728-1974. Bookman Inc., Manila.
- Blanco, S. (2018). «Billetes de invasión japoneses emitidos para Filipinas durante la Segunda Guerra Mundial (1942-1945): Historia y catalogación». Anuario Argentino de Numismática, Vol. I, IFINRA.
- Krause, C. L. y Mishler, C. Standard Catalog of World Coins, ediciones varias. Krause Publications.
- Shafer, N. (1961). A Guide Book of Philippine Paper Money. Whitman Publishing.
- NGC Coin Explorer. Philippines Under U.S. Sovereignty.
- Wikipedia. Historia de la moneda en Filipinas; Peso filipino.
